viernes, 13 de junio de 2008

EDAD MODERNA


EDAD MODERNA:


Alta Edad Moderna, la era de los descubrimientos .

Durante la Antigüedad, el mar Mediterráneo fue el centro del mundo para los europeos. En realidad, el espacio geográfico que conocían era muy reducido: del mar Mediterráneo al mar del Norte y de las costas de Portugal a Mesopotamia. Se sabía, desde los viajes de Marco Polo (siglo XIII), de la existencia de un "Lejano Oriente" desde el cual llegaban la seda y las especias a los estados musulmanes del Próximo Oriente. La existencia del océano Atlántico era evidente, pero parecía muy arriesgado adentrarse en tan inconmensurable mar. La ampliación del mundo conocido fue el resultado de los grandes descubrimientos geográficos llevados a cabo por portugueses y castellanos a fines del siglo XV.
¿Por qué los navegantes medievales no se aventuraban hacia el oeste? Hasta el siglo XV se creía que, al ser la Tierra plana, más allá del mundo conocido se abría un abismo poblado por monstruosas criaturas. De hecho, cuando a su regreso a España (1493) Colón fue recibido por los Reyes Católicos, declaró solemnemente no haber visto ninguno de los monstruos que los cosmógrafos creían existentes en las islas al fin de la Tierra.
Los descubrimientos geográficos
En los descubrimientos geográficos influyeron motivaciones de tipo económico, como el desarrollo del capitalismo comercial que había incentivado el espíritu de lucro. Se hacía necesario llegar directamente a los remotos lugares de los que procedían las especias, la seda y las piedras preciosas, sin tener que bordear el continente africano. Junto al estímulo económico, el ambiente psicológico en que se desenvolvieron los hombres renacentistas (sed de aventuras, afán de gloria) contribuyó igualmente a preparar el camino de los grandes descubrimientos.
Fue necesario también que a estos estímulos humanos se unieran el desarrollo científico y los descubrimientos técnicos, ambos de gran valor para la navegación. La brújula, ya conocida desde el siglo XII, fue mejorada. El astrolabio, instrumento para medir la altura de los astros y, de ese modo, establecer la latitud, fue perfeccionado por los marinos del siglo XV. Se desarrolló también la cartografía, con la realización de cartas marinas y los portulanos, mapas que describían las costas, ámbito en el que destacó la escuela de cartografía mallorquina, cuyos principales animadores fueron los judeo mallorquines Abraham y Jafuda Cresques.
En esta época, se divulgó la teoría del geógrafo griego Tolomeo (siglo I) sobre la esfericidad de la Tierra. Sin embargo, pese a lo revolucionario de dicha teoría, para el hombre del Renacimiento, el océano Pacífico no existía, las costas de Cipango (Japón) y Catay (China) debían hallarse tras muchas jornadas de navegación por el "gran mar" (océano Atlántico) y aún no se sospechaba la existencia del continente americano, a pesar de que los navegantes vikingos, Leiv y Thorvald, hijos de Erik el Rojo, descubridor de Groenlandia, habían alcanzado las costas de Canadá y explorado la península de Vinland (Nueva Escocia) a principios del siglo XI.
Los descubrimientos portugueses
Los portugueses intentaron llegar a la India rodeando África. Ésta fue la meta que se propuso la corte desde la época de Enrique el Navegante (1394-1460). Durante todo el siglo XV, los descubrimientos y conquistas en tierras africanas ocuparon a los portugueses, cada vez más seguros de poder llegar a "las Indias".
La primera conquista importante fue la de Ceuta, en 1415. Posteriormente, los portugueses ocuparon la isla de Madeira (1419) y las Azores (1432), y la costa africana hasta el cabo Bojador (1434). En 1436, llegaron al cabo Blanco y, en 1444, descubrieron Senegal. En una tercera etapa, llegaron a las islas de Cabo Verde (1460) y al cabo de Las Palmas, en la actual Liberia (1461).
En 1487, Bartolomeu Dias consiguió tocar la punta meridional del continente africano, el cabo de las Tormentas, luego llamado de Buena Esperanza. Quedaba así abierto el camino hacia el océano Índico y la deseada tierra de las especias, viaje que realizó por primera vez Vasco de Gama (1469-1524). El 15 de abril de 1498, Vasco de Gama llegaba a Calicut, en la costa sudoccidental de la India. La ruta del sudeste, la denominada "ruta a las Indias por el Cabo", había sido descubierta. Pero, seis años antes de este viaje, los castellanos habían llegado al continente americano, considerado en principio asiático, lo cual originó conflictos entre ambos estados ibéricos.

Los descubrimientos castellanos

La divulgación de las obras geográficas de Tolomeo hizo concebir al presunto marino genovés Cristóbal Colón (1451-1506) el proyecto de llegar a las Indias navegando hacia Occidente. Rechazada su empresa en Portugal, fue apoyada por los Reyes Católicos en nombre del reino de Castilla. Por medio de las Capitulaciones de Santa Fe, los Reyes Católicos concedieron a Colón los títulos de Almirante de la Mar Océana y virrey de las tierras que descubriera, y la décima parte de los beneficios que pudiera conseguir.
La pequeña flota de Colón compuesta de dos carabelas (Pinta), (Niña) y una nao (Santa María), tripuladas por un centenar de marineros, se hizo a la mar en el puerto de Palos de Moguer (Huelva), el 3 de agosto de 1492, siguiendo la ruta de los alisios.
Colón tocó tierra firme el 12 de octubre de ese mismo año, desembarcando en una isla de las Bahamas, Guanahaní, que Colón llamó San Salvador. A continuación se exploraron las islas de Cuba y Haití. Colón regresó a España, en los primeros días de 1493, convencido de haber estado en Asia y dando a aquellas tierras el nombre de "Indias". Colón realizó tres viajes más, ampliando sus descubrimientos en el ámbito antillano. En su segundo viaje (1493), se iniciaron el poblamiento y la explotación de Haití; en el tercero (1498) llegó a la isla de la Trinidad y a la desembocadura del Orinoco, pisando por vez primera el continente americano; en el cuarto (1502) bordeó América Central. Poco después de su regreso a España, murió convencido de haber llegado a Asia.
Cristóbal Colón (h. 1451-1506) Navegante genovés. Zarpó al servicio de los Reyes Católicos en busca de una ruta occidental a las Indias. El 12 de octubre de 1492 descubrió el Nuevo Mundo, al cual regresó en otras tres expediciones. Fue nombrado virrey de las nuevas tierras descubiertas.
En 1513, fecha en que Vasco Núñez de Balboa cruzó el istmo de Panamá y descubrió el "mar del Sur" (Pacífico), se había comenzado ya la colonización de las Antillas y de América Central. Estaba cada vez más claro que se trataba de un nuevo continente y que, para llegar a Asia, era preciso seguir navegando hacia el este.
La demostración práctica de que la Tierra era redonda tuvo lugar tras la expedición de Magallanes y Elcano (1519-1522), que, tras salir del puerto de Sevilla, regresó al de Sanlúcar de Barrameda, después de haber dado la primera vuelta al mundo.
Fernando de Magallanes (h. 1475-1521) Navegante portugués. En 1519 inició una expedición que demostraría la esfericidad de la Tierra y descubrió la unión del Atlántico y el Pacífico en el estrecho que lleva su nombre. Falleció en Filipinas (1521) y fue su ayudante Elcano quien culminó el viaje.
El reparto del mundo entre Castilla y Portugal
Después de algunas disputas coloniales, españoles y portugueses se repartieron el mundo no europeo por medio del tratado de Tordesillas (1494). El mundo quedó dividido en dos hemisferios por un meridiano imaginario situado a 370 leguas al oeste de Cabo Verde. Las tierras situadas al oeste de este meridiano pertenecerían a la corona castellana, y las orientales a la portuguesa. Como el saliente oriental de América del Sur quedaba dentro del ámbito portugués, este país inició en 1500 la colonización de Brasil.
Tratado de Tordesillas Acuerdo firmado en 1494 por los Reyes Católicos y Juan II de Portugal en Tordesillas (Valladolid) que modificó la demarcación del papa Alejandro VI sobre los derechos de colonización.
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Fuente bibliográfica: Gran Enciclopedia Interactiva
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Las monarquías feudales del siglo XIII

El primer siglo de la Baja Edad Media, el siglo XIII, prolonga y profundiza el despegue iniciado en los siglos XI y XIII. El incremento demográfico, la expansión agraria, la implantación de nuevas técnicas con el consiguiente aumento de productividad, el crecimiento de las ciudades, de la burguesía y de los gremios y la reactivación del comercio serán la base del desarrollo del Occidente cristiano. En la esfera política, el asentamiento de las grandes monarquías feudales asegurará el fortalecimiento del poder real en Francia. Pero durante el siglo XIV, el mundo globalmente conocido asistirá con las epidemias y la peste negra llegada de Asia a una gran depresión, cuyas terribles consecuencias se verán multiplicadas por hambrunas generalizadas, descenso demográfico, guerras, revueltas campesinas e insurrecciones urbanas. Sólo a partir de la segunda mitad del siglo XV se iniciará una franca recuperación de las sociedades europeas, en la que tendrá lugar la larga fase de dominación europea basada en los descubrimientos científicos y geográficos con que se clausura la Baja Edad Media.
Si en el siglo XII los reyes habían podido situarse a la cabeza de la jerarquía feudal, utilizando, como resultado de las disputas entre el papado y el emperador, el recurso al derecho romano como medio de solución de los litigios, en el siglo XIII, esta tendencia al fortalecimiento de la autoridad real continuó ganando fuerza. Coherentes con esta posición, las grandes monarquías, al menos en Francia e Inglaterra, dejaron de ser electivas y se transformaron en hereditarias a comienzos del siglo XIII, con lo que el poder de los parlamentos o los estados generales se redujo cada vez más, aunque en muchas ocasiones los reyes, para cercenar el poder de los señores feudales, tendieron a otorgar importantes franquicias y libertades a las ciudades. Sin embargo, el afianzamiento de los capetos en Francia continuó a lo largo de todo el siglo. En Inglaterra la derrota contra Francia originó la disminución del poder real y un fortalecimiento del parlamento, llegándose al equilibrio con Eduardo I.
En la península Ibérica, el siglo XIII fue el momento de los grandes avances de la Reconquista por parte de los reinos cristianos, quedando reducido el Islam al reino nazarí de Granada. Al mismo tiempo, se fueron diseñando dos grandes conjuntos territoriales cristianos con intereses diversos. Al oeste de la Península, el reino de Castilla, con proyección netamente peninsular, salvo el intento de Alfonso X el Sabio de convertirse en emperador. Al este, los reinos que componían la Corona de Aragón proyectarían sus intereses hacia la expansión y dominio del Mediterráneo, con las conquistas de Sicilia, Cerdeña y las expediciones de los almogávares.
La Francia del siglo XIII
El triunfo de Felipe Augusto en la Gran Guerra de Occidente abrió una etapa de expansión para la monarquía de los capetos. Su sucesor, Luis VIII, incorporó a la corona Poitou y Saintonge y preparó la anexión del Languedoc. Su prematura muerte dio la corona a su hijo Luis IX (1226-1270), el cual, tras imponerse a la nobleza, emprendió la séptima cruzada, contra Egipto. De regreso a su país se preocupó por liquidar los conflictos territoriales firmando pactos con otros monarcas. Con Enrique III de Inglaterra concertó el tratado de París (1259), por el cual quedaban en poder de Francia los territorios conquistados por Felipe II y se reservaban a la corona inglesa Aquitania y Guyena. Por el tratado de Corbeil, firmado con Jaime I de Aragón, logró la renuncia de los catalanes a la conquista del Languedoc, excepto la plaza de Montpellier. Luis IX gozó de gran prestigio internacional y murió a causa de la peste en Túnez, cuando acudía a la octava cruzada.
Su hijo Felipe III el Atrevido (1270-1285), deseoso de ampliar su reino, participó en la cruzada contra Pedro III de Aragón. Este rey se había apoderado de Sicilia y de algunas plazas de Calabria. El papa francés Martín IV lo excomulgó y adjudicó sus estados a Felipe III. El monarca francés penetró con un gran ejército en Cataluña, fue derrotado y se vio obligado a retirarse, muriendo en la acción. Este fracaso se vio compensado por la incorporación de Poitou y Tolosa y la preparación de la anexión de la Champaña, que tuvieron lugar durante su reinado.
Inglaterra
La pérdida de gran parte de los territorios que los ingleses tenían en Francia fue la causa del desprestigio de Juan sin Tierra (1199-1216). Caído el imperio de los Plantagenet y arruinado el tesoro nacional, Juan buscó el apoyo del papa Inocencio III y a él infeudó su reino (1213). Este acto motivó una sublevación de la nobleza y la burguesía inglesas, que en 1215 consiguieron que firmara la Carta Magna.
Su hijo, Enrique II (1216-1272), intentó defender la herencia de los Plantagenet en Francia, pero se vio obligado a firmar el tratado de París, por el que sólo conservaba Aquitania y Guyena. Trató de abolir la Carta Magna, pero la nobleza reaccionó con una insurrección victoriosa, ante la cual se vio apremiado a firmar el estatuto de Oxford (1258), que agravaba las limitaciones reales de la Carta Magna al establecer que el rey quedaba sometido a una junta nobiliaria. El rey, ayudado por san Luis y por el papa, intentó reconquistar el poder perdido, pero fue derrotado por Simón de Montfort, el inspirador de la revuelta nobiliaria, en Lewes (1264). Simón de Montfort gobernó entonces como dictador, pero, a pesar de que había dado mayor participación en el parlamento a la nobleza inferior y a la burguesía, no pudo evitar que el príncipe Eduardo le derrotara en 1265. Desde esta fecha gobernó Eduardo, que se convirtió en Eduardo I a la muerte de su padre en 1272. A él se debió la normalización de la vida política con el establecimiento del llamado Parlamento Ejemplar (1295), origen del actual.
El Mediterráneo occidental
A la muerte de Federico II, la situación en Italia era de gran desunión, potenciada, además, por la lucha entre dos bandos rivales, los güelfos, partidarios del papado, y los gibelinos, partidarios del emperador. En las ciudades lombardas esta lucha se mezcló con los sentimientos de independencia, que ya habían sido atizados en el sigloXII por el papa Alejandro III, contra el autoritarismo de Federico I y con intereses locales contradictorios.
Los Estados Pontificios mostraban también signos de fragmentación. El norte se hallaba dividido en varias repúblicas: Venecia, Génova, Pisa, que alcanzaron un gran desarrollo comercial y en las cuales los señores feudales querían intervenir.
Carlos de Anjou, conde de Provenza y rey de Sicilia, quiso ser el árbitro de la política mediterránea. Intervino en los Balcanes, en contra del imperio bizantino, y desvió la última cruzada hacia Túnez. Hubiera conseguido sus objetivos de no habérsele interpuesto el poderío de la Corona de Aragón.
La intervención de Pedro III de Aragón en Sicilia y la posterior derrota de las tropas francesas en suelo catalán, cerraron el camino a las pretensiones angevinas sobre el Mediterráneo occidental.
Por el tratado de Tarascón (1291), el hijo de Pedro III, Alfonso III, se comprometió a obligar a su hermano Jaime II, que había heredado Sicilia, a devolverla al papa. Muerto Alfonso, Jaime II pasó a ocupar el trono y cedió Sicilia a su hermano Fadrique. Éste no aceptó devolver la isla al papa y entonces los ejércitos de Francia, del papa y de Aragón lucharon contra las tropas de Fadrique. Pero, por la paz de Caltabellota (1302), Fadrique se mantuvo en ella y los angevinos conservaron la ciudad de Nápoles.
Desde Sicilia salió un ejército de mercenarios almogávares que venció a los turcos y se apoderó de los ducados de Atenas y Neopatria. Es tos territorios, junto con la isla de Sicilia pasaron posteriormente a incorporarse a la Corona de Aragón.
La guerra de los Cien Años (1337-1453) Las pretensiones del rey inglés a la corona francesa desembocaron en la guerra de los Cien Años (1337-1453), dividida en dos períodos: el primero, hasta la muerte de Carlos V, y el segundo, de 1381 a 1453. Tras sus victorias navales, los ingleses llegaron muy cerca de París, pero en su retirada fueron atacados y vencidos por el ejército francés en Crécy (1346). La peste negra interrumpió la guerra hasta 1355, cuando el Príncipe Negro venció a Juan II el Bueno en Poitiers y se apropió de todo el oeste de Francia. En este país, la burguesía imponía sus condicionesal monarca y el campesinado promovía revueltas. El sucesor de Juan II, Carlos V, se apoderó de las posesiones inglesas hasta dejarlas reducidas a Bayona, Burdeos y Calais. Estas victorias francesas fueron seguidas de una tregua. En Inglaterra, se vivieron unos años de intensa inestabilidad social que culminaron con el destronamiento de Ricardo II; y en Francia, la locura de Carlos VI provocó luchas por el poder que desembocaron en una guerra civil. Enrique IV de Inglaterra aprovechó la debilidad francesa para abrir el segundo período de la guerra. La deserción del duque de Borgoña ayudó a los ingleses a imponer a Carlos VI el tratado de Troyes (1420), por el cual, a la muerte de este monarca, fueron coronados dos reyes en Francia: Enrique VI y Carlos VII. Este último confió a Juana de Arco un ejército que levantó el sitio de Orleans. Después de esta victoria, Juana hizo que se reconociera a Carlos VII como único monarca de los franceses. Luego venció a los ingleses en Patay. Un año después fue hecha prisionera por los ingleses y quemada en la hoguera. La guerra se decantó del lado francés en 1499, al tomar los galos Calais y expulsar a los ingleses.
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El Renacimiento

Para una previa delimitación cronológica y geográfica, podemos tomar el sentido habitual del término "Renacimiento", como el movimiento que, con la base del conocimiento de la cultura grecolatina que el Humanismo (V.) había actualizado, maduró en Italia entre los siglos XV y XVI para ejercer un poderoso y definitivo efecto sobre el resto de la cultura europea. Como Burckhardt observó, el Renacimiento se concretó mucho antes en el orden intelectual y literario que en las artes plásticas (y sobre todo, en la conciencia estética), lo cual impone una gran elasticidad al establecer sucesiones históricas.
Sólo desde un punto de vista teológico y filosófico cabe apuntar hacia el centro esencial del Renacimiento, y hacia su contraposición con la cultura medieval: el hombre, en vez de considerarse una pieza más -aunque privilegiada- en la sólida jerarquía del cosmos, teocéntricamente orientada, se ve más replegado sobre sí mismo, sobre su peculiaridad de hombre y más tarde sobre su propia individualidad: en torno a él, el cosmos natural se le presenta con una nueva fisonomía, quizá más sugestiva, en adecuación a su estructura y destino humanos, y como objeto de nueva curiosidad por sí mismo, por sus propias determinaciones, y no como simple alegoría de significado divino. Dios, por tanto, queda más alejado del hombre: la filosofía nominalista de Occam ha hecho de Dios algo misterioso, en el que no cabe suponer las determinaciones y relaciones que nuestra mente está acostumbrada a manejar en las cosas con que se relaciona en la experiencia normal. Ha aparecido un abismo en la perspectiva en que Dios puede formar parte del horizonte intelectual humano: no se puede extender más el lenguaje y el pensamiento teológico para la ciencia de la naturaleza y de lo humano, porque se ha criticado radicalmente su posibilidad de ser aplicados al propio Dios para obtener conceptos dignos de tal nombre. Que esta crisis pueda haber dado lugar, en algún caso, a un paganismo indiferente y agnóstico, es sólo un hecho periférico: en lo esencial, el Renacimiento empieza siendo una nueva manera de religiosidad -expuesta mejor que en ninguna otra parte en la obra del Cardenal Cusano, como ha mostrado Cassirer en Individuo y cosmos en la filosofía del Renacimiento-, una religiosidad más individual e intimista que la medieval, y que terminará dividiéndose en dos: la forma católica establecida a partir del Concilio de Trento, y la Reforma protestante.
Pero quizá estas formalizaciones de la nueva religiosidad ya quedan fuera de lo que propiamente se suele llamar Renacimiento, que vendría a ser más bien el intermedio intelectual y artístico entre la crisis de la Baja Edad Media y la constitución de estas formas -religiosas y seculares- que han llegado hasta épocas muy posteriores. "A posteriori" nos podemos dar cuenta de que el Renacimiento llevaba en sí una íntima dualidad que probablemente sólo los italianos -con su genio moderado para transmutar los problemas de fondo en formas artísticas y civiles- podían mantener en una situación de fecundidad con cierta duración estable. El Renacimiento tenía su unidad en la mayor distanciación respecto a lo divino, como objeto seguro de conocimiento, pero lo otro, lo que no es lo divino, es doble, porque se compone de la naturaleza física y del hombre. Esta dualidad, al quedar más aislada como tal, tuvo al principio la alegría de un descubrimiento: es la aparición de la naturaleza, en cuyo aspecto de "cosmos" -no en el hombre mismo en cuanto parte de la naturaleza - el franciscanismo había preparado al hombre a sentirse como en su casa, aunque todavía por razones de orden "medieval" en su seguridad última. Es el momento de la ciencia natural, de la física, de los grandes descubrimientos geográficos, de la experimentación, del arte "realista", etc. No tardaría, sin embargo, en venir la crisis, sobre todo con Descartes, que pusiera al descubierto la intima contradicción de los dos elementos principales del Renacimiento (aclarados, en lo referente a lo estético, por Erwin Panofsky en su brillante librito Idea): el elemento idealista y el elemento naturalista. Es decir, al sumergirse en la realidad del mundo, en investigación científica o artística, el hombre está aprehendiendo lo objetivo, pero al mismo tiempo poniendo en juego su propio mecanismo de ideas. Inicialmente, ambas cosas parecen en íntimo acuerdo preestablecido, pero son dos principios radicalmente heterogéneos, y precisamente la historia de la filosofía a partir de Descartes será la discusión sobre su mutuo ajuste o desajuste. El hombre del Renacimiento todavía no siente inquietud por lo que pueda haber de impuesto por su propia mente en lo que él posee como imagen directa y completa del mundo. Y sin embargo, no tardan en aparecer las diferencias: en arte, llega a hacerse evidente que no es lo mismo copiar la realidad que ordenarla en el cuadro y hallar sus leyes, bajo el criterio armónico de un "ideal" (aunque los tratadistas, como Leonardo y Pacheco, se contenten con un eclecticismo en que lo ideal es sólo una corrección del realismo): en la ciencia, ya Galileo reconoció, al decir que el libro de la Naturaleza está escrito en lengua matemática, la necesidad de un proceso de interpretación, en que actúan como intermediarios unos entes ideales, más o menos puestos por nosotros: los números. Pero, en el fondo, ya estaba bien clara la dualidad entre idealismo y naturalismo desde la misma raíz del Renacimiento: es evidente que el platonismo que formó -por decirlo así- la "filosofía oficial" del Renacimiento, era lo contrario exactamente, por espiritualista y por idealista "a prior¡", de la tendencia al análisis, contemplación y disfrute de lo real, es decir, del rasgo quizá más característico de la fisonomía con que se aparece el Renacimiento ante la conciencia histórica del hombre medio actual.
El Renacimiento se distingue por su afán de experiencia, pero con el tiempo se hace evidente que en la experiencia entran dos elementos diversos: el "descubrimiento" de lo externo y su "invención", o sea, la reelaboración ordenadora que la mente humana hace siempre de lo que no es ella, a la luz de sus "ideas", procedan éstas de una implantación nativa o del simple encuadramiento de previas experiencias. La progresiva conciencia de este problema acentúa la diferencia del hombre respecto al resto de la naturaleza: su alejamiento del teocentrismo medieval permitió al hombre ver más de cerca su condición "natural", de trozo del cosmos físico, pero un trozo peculiar, porque piensa y comprende el cosmos entero, incluido él mismo, dando quizá al todo una forma que procede sólo de esa parte. Es decir, las premisas renacentistas llevan gradualmente a una interiorización crítica, que será -para dar ejemplos dispares- la de Lutero, la del Barroco conceptista español y la de Descartes: en Italia, sin embargo, no tiene lugar plenamente esta evolución post-renacentista, por lo mismo que se ha realizado el milagro de demorarse en aquellas dualidades inestables para obtener los frutos estéticos y políticos que permitía su especial perspectiva.
Dentro de la peculiaridad espiritual del Renacimiento, y aun a riesgo de caer en nimiedades sociológicas, no es ocioso llamar la atención sobre la diversa forma en que empieza a tener lugar la vida concreta de la cultura: el hombre de cultura -pensador, artista, científico- se sale ahora de los órdenes medievales, y queda en una zona aparte, secular y sin conexión gremial, como suma de personalidades individuales, formando una nueva aristocracia que no es una "clase", por girar en torno al "genio" personal. Esto hace de la cultura y el arte algo minoritario y extremoso, sin "versión popular": la poesía rompe con las formas tradicionales, más o menos plebeyas y anónimas; la ciencia, al empezar a ser tal, deja de ser propiedad de una colectividad eclesiástica -o mejor, de los "clérigos", los letrados- para ser patrimonio de los individuos que la posean por su propio esfuerzo. (La Universidad, dicho incidentalmente, sufre una íntima transformación, al abandonar los esquemas generales y teológicos del "trivium" y el "quadrivium", para hacerse universidad de "artes" y ciencias, filológicamente analítica y empíricamente objetiva.) Esta ruptura del artista y el hombre de cultura con su inserción genérica y colectiva, abre la posibilidad de una nueva forma de creación y pensamiento, apoyándose en el logro individual, en la invención excepcional y sorprendente, pero en algunos aspectos -por ejemplo, en las artes plásticas, según la apasionada crítica de Ruskin- produce algún perjuicio, al desmembrar la esfera impersonal de lo plástico en formalismos personales, desconectados de su inserción en la vida de todos.
Pero sobre esto se volverá en mejor momento: ahora conviene ir señalando nombres y aspectos concretos del Renacimiento en Italia, ateniéndose en lo posible a lo cultural y artístico, pues requeriría demasiado espacio la consideración adecuada del proceso religioso en que, por coincidir cronológicamente una época de necesidad de reforma interna en la Iglesia con la aparición -por primera vez en muchos siglos- de una instancia espiritual de origen secular y aun extra-cristiano, con el Humanismo, el Papado se encuentra en una peculiar situación (también por los inconvenientes anejos al poder temporal), que facilitó que se llevaran a sus consecuencias más extremas, en el Protestantismo, ciertas instancias de la época que -si bien más tarde- el Concilio de Trento resolvería en su posible forma ortodoxa. Por lo que toca a Italia, en el orden propiamente religioso, no era un protestantismo la forma heterodoxa a que podía dar lugar una exageración del Renacimiento -pues esto hubiera sido entrar en un intimismo moral que, como ya dijimos, se sale del concepto habitual del Renacimiento italiano-, sino, precisamente, un panteísmo como el de Giordano Bruno: es decir, hasta la herejía conserva un carácter naturalista.
Ante todo, el Renacimiento italiano se presenta como nuevo sentido en las formas de vida, desde la vida política hasta la simple vida de relación social y la cortesía. Estos aspectos menudos tendrán sus clásicos famosos, como el Cortesano (V.), de Castiglione, traducido en España por Boscán, y el Galateo (V.), manual de urbanidad que ha perennizado el nombre de Monseñor Della Casa; el aspecto más alto, el de la política propiamente dicha, ha tenido su clásico renacentista en Niccolò Machiavelli (1469-1527), el "Maquiavelo" de las polémicas españolas, que, en obras como El Príncipe (V.), Arte de la guerra (V.) y Discursos sobre las Décadas (V.), presenta una nueva idea del arte de gobernar como actividad fáctica, al margen de la moralidad o la inmoralidad, con atención exclusivamente al interés del "príncipe" -hoy diríamos del Estado-, desgajando, pues, este terreno del derecho de su conexión con el conjunto de la moral y la filosofía, y abriendo paso a lo que, de hecho, son todavía hoy los principios vigentes del sistema de las nacionalidades, como entes sin ulterior justificación. (Hasta cierto punto, una transacción, o mejor dicho, la posible adaptación al derecho cristiano de esta nueva concepción de la vida en forma de nacionalidades, representa la obra de Vitoria en la Universidad de Salamanca.)
En un terreno más histórico que político, pero dentro de una visión del mundo naturalista y sin trascendencia, como la de Maquiavelo, aparece la obra de Francesco Guicciardini (m. 1540), cuya Historia de Italia (V.), así como las Historias florentinas (V.), muestran un frío historiógrafo "Positivo", de sabor bien moderno, evadido de todo providencialismo teológico.
La filosofía propiamente dicha no es, como se comprende, actividad predilecta del Renacimiento italiano: el pensamiento en su posición más general, hay que buscarlo en autores que a veces entran decididamente en el ámbito de lo religioso: por ejemplo, Pietro Pomponazzi(m. 1525), que medita especialmente sobre el problema del alma desde un punto de vista naturalista, al que ya la obra de Aristóteles sirve para contrapesar el excesivo espiritualismo platónico y su desenfoque en la antropología. A pesar de su situación eclesiástica, Pomponazzi escribe su tratado De la inmortalidad del alma (V.) ateniéndose exclusivamente al "dato" objetivo y prescindiendo de toda Revelación. En general, toda la filosofía de la naturaleza queda estudiada al margen de la perspectiva teológica en el tratado De rerum natura (V.) de Bernardino Telesio (1509-1588).
Ya mencionábamos los nombres del Cardenal Cusano y de Giordano Bruno (1548-1600) como pensadores situados dentro del terreno religioso, si bien este último en forma más o menos panteísta; aunque tal vez sería mejor llamarle pre-hegeliano. Más vario y contradictorio, pero más rico, es en su obra Tommaso Campanella (1568-1639), con un naturalismo tocado de platonismo, en su Metafísica (V.) que da lugar a la invención de una curiosa utopía política, la Ciudad del sol (V.), donde imagina una sociedad de comunismo teocrático.
Pero quizá será mejor pasar a aludir al Pensamiento científico renacentista, si bien dejando intacto el terreno médico, donde a partir de Vesalio, se constituye un nuevo sentido de la ciencia anatómica y terapéutica: vamos a nombrar a Galileo Galilei (1564-1642), verdadero fundador del método experimental en la física, la cual se reduce desde ahora a un saber concreto sin necesidad de aclarar su conexión con la metafísica y la teología; solamente organizando los datos naturales en forma cuantitativa, prescindiendo de lo cualitativo, en un conjunto homogéneo matemáticamente relacionable. Éste es el verdadero sentido de su célebre polémica heliocéntrica, a partir de la "revolución copernicana".
No mencionaremos, por parecernos demasiado obvio, los nombres de todos los poetas italianos del Renacimiento, como ilustraciones de este movimiento espiritual: sólo, por marcar un límite, diremos que se ha podido considerar a Torquato Tasso (m. 1595) como el último nombre que se incluye propiamente en la época madura renacentista. En general, la poesía italiana del Renacimiento había alcanzado ya una precoz madurez antes de que se pudiera hablar en general de dominio del Renacimiento, es decir, aún en el período que al principio conveníamos en designar con el nombre de Humanismo: puede decirse que desde Petrarca la poesía italiana no cambia sustancialmente, por lo menos hasta el Seiscientos, aunque sí enriqueciéndose con el desarrollo de algún género literario más, dentro de las mismas premisas estéticas, por ejemplo, el poema épico en octavas reales. Pero es precisamente con la llegada del siglo XVI cuando la poética petrarquesca se difunde por toda Europa: Garcilaso en España, Ronsard en Francia, Spenser en Inglaterra, Camoens en Portugal -o, con más precisión, Sá de Miranda- establecen un sistema internacional de formas poéticas, que también comporta, además de la forma, todo un mundo sentimental neoplatónico y clasicista, con mayor o menor tendencia al intimismo filosófico. En la poesía renacentista de todos los países prevalece decididamente el elemento idealista sobre el elemento naturalista -para seguir la distinción antes establecida-: tal vez el elemento naturalista se ha convertido, desde el propio Petrarca, en complacencia formal y sonora, con lo que, de ser cierta esta hipótesis, habría que decir que "lo natural", el objeto de experiencia y complacencia sensible, en vez de ser el mundo real, lo es para esta lírica el poema mismo considerado como "cosa", como producto natural perceptible.
Si pasamos al arte, es decir, a la conciencia estética y a los principios que, de hecho o de derecho, rigen las artes plásticas en el período renacentista, nos encontramos con un dilema explícito entre realismo e idealismo, sobre todo si, como es el caso de Leonardo de Vinci, además de la obra tenemos las palabras del artista: por un lado, se acentúa, en el Tratado de la pintura (V.), la afirmación de que el arte tiene que ser observación, análisis y posesión reproductora de la realidad, frente al esquematismo simbólico del arte medieval, pero al mismo tiempo la obra de arte es una ordenación, un descubrimiento de "leyes", e incluso, una manifestación del ideal que el artista lleva en sí, por más que lo lleve como resultado de una larga experiencia de observación de realidades. Se ha señalado que Leon Battista Alberti y Rafael entendían la "idea" en este sentido de "ideal": más adelante, Vasari le da un simple significado de abbozzo, o sea, de proyecto, de plan preconcebido. Si tomamos el momento más característico de la pintura renacentista -Rafael- observamos que la perspectiva lineal establece un ámbito de posesión mental, donde todo se ordena en una escenografía realista, y si se quiere ilusionista, pero precisamente por estar referida a una mente ordenadora. Esto se advierte más claramente en Leonardo, en quien pierde la estabilidad ese equilibrio de contrarios (naturalismo-idealismo), y la pintura trata de investigar y reproducir casi científicamente las condiciones mismas de la experiencia visual: de ahí que se dé paso a la "perspectiva aérea", es decir, a la mayor o menor transparencia y nitidez como indicación de la distancia, más segura y empírica que la ordenación en líneas convergentes de los términos del diorama visual. La "perspectiva aérea", a su vez, comporta el sfumato, cierta borrosidad grisácea que atenúa y funde los colores, tal como de hecho ocurre en la visión humana: ahora la "naturaleza" que persigue la pintura no es tanto la naturaleza de las cosas cuanto la del hombre que las conoce; estamos, pues, entrando en un proceso de autoanálisis, que, pictóricamente, llevará al Impresionismo, y que tiene su correlato intelectual en la filosofía crítica. Evidentemente, ya Leonardo, quizá por causa de sus contactos con la escuela veneciana, pone en crisis el estilo florentino, que es el más propiamente renacentista, dejando la ordenación y la abstracción intelectual del orden lineal, por la aprehensión del fenómeno mismo de la visión, a que lleva la investigación del chiaroscuro. "El pintor se pinta a sí mismo", ha dicho significativamente en su Tratado (en sentido de que el pintor conoce su propia naturaleza humana al pintar, y quizá también que pone sus propios ideales). Con ello se supera el imperativo de "conformidad con la cosa imitada", dejando atrás el realismo estricto, primero por la elección del objeto pintable, pero luego por la aplicación del deus ex machina que es la idea, en el sentido a que alude a ella Pacheco, cuando dice que el pintor debe, para lograr la belleza en su obra, aplicar "juicio y elección de las bellísimas obras de Dios, y cuando no, hermosas ideas"; y finalmente, por otro diverso realismo, un "realismo psicológico", en que no se pretende reproducir la cosa misma, sino el conjunto de las condiciones de su impresión, fundida en una experiencia y un ambiente. A esto lleva el empirismo plástico, que se atiene al ojo, prescindiendo de conceptos y referencias metafísicas y teológicas: la pintura renacentista, así entrada en crisis, dará paso a varios tipos de pintura, como el "manierismo", la pintura escultórica de Miguel Angel, el luminismo de Caravaggio, etc.
Algo diferente es el problema del Renacimiento en la arquitectura: por lo pronto, hay en ella un elemento "humanista" -o sea, de formas grecolatinas heredadas - más importante que en la pintura: los "órdenes" vitruvianos. Y ocurre, además, que el Renacimiento altera radicalmente el sentido mismo de la arquitectura, en parangón con lo que había sido en la Edad Media: obra colectiva, adaptada funcionalmente a las exigencias de la comunidad religiosa o de la vida familiar, y, sobre todo, terreno común de todas las artes plásticas, que se integran jerárquicamente dentro del "campo de fuerzas" arquitectónico. Tal vez por desplazarse el terreno creativo a climas más suaves, desde el Norte hacia el Mediterráneo, en el paso del gótico al Renacimiento, la arquitectura deja de responder a imperativos de habitabilidad para hacerse "libre", ornamental, teniendo en el "palazzo" y su fachada la forma típica, no en la vivienda ni en la iglesia. El arquitecto deja de ser un artesano, un obrero, y se convierte en un puro inventor, que resuelve todo el edificio por una sola intuición espacial abstracta. Argan ha señalado, en el caso de Brunelleschi, que la cúpula de la catedral florentina representa el paso a un modo de construir renacentista: por fallar la pericia medieval de los artesanos, Brunelleschi tiene que inventar una forma nueva de cúpula que se vaya sosteniendo a sí misma conforme se cierra, sin encofrados completos.
Es decir, la arquitectura renacentista significa un análisis y una posesión mental del espacio, de carácter casi filosófico y científico, y que da lugar a un sentido nuevo de la perspectiva arquitectónica, como forma de aprehensión total del edificio, sin el distanciamiento de vagos términos que podía haber en el gótico, y con ornamentación de "citas", de elementos clásicos que dieran elegancia y calidad humanística e histórica al edificio. Podríamos poner a Bramante como ejemplo arquetípico de arquitecto renacentista: Miguel Ángel, Bernini y sobre todo Palladio marcarían el tránsito hacia una situación más "barroca", en el moderado alcance que puede tener esta palabra aplicada a la arquitectura italiana.
Haciendo, pues, un primer resumen del sentido y valor del Renacimiento como movimiento espiritual, podemos decir que en cierto modo es el quicio central de la historia de la cultura occidental: ningún movimiento ha tenido una eficacia renovadora tan decisiva, quizá porque lo esencial de su mensaje era destacar la dimensión "renovadora" y original en el hombre, acentuando lo que en él, en cuanto hombre, podía ser principio de actividad autónoma. Pero lo más curioso -y también, la gran fuerza y la gran debilidad- del Renacimiento es que esta originalidad y esta nueva libertad se propugnaran a partir de un clasicismo, de la invocación a una cultura pretérita de magisterio perenne. Tal vez por la profusión de su novedad tenía el Renacimiento que volverse hacia bases tradicionales en que apoyar el salto: la cuestión está en saber si ese mundo clásico era un canon o un estímulo, un modelo o un pretexto. Como recuerda E. R. Curtius, la Edad Media había conservado en plena circulación muchos elementos clásicos, e incluso seguía teniendo en lo grecolatino el punto habitual de referencia: lo que cambia decisivamente es la intención con que se alude a lo clásico, que en el Renacimiento es una intención radical, alcanzando lo esencial de todo, para revolucionarlo fingiendo no hacer más que restaurarlo y devolverlo a las formas prístinas. Tal es, probablemente, el sentido filológico del Renacimiento, y por eso es totalmente irrelevante que nuestra filología, más perfeccionada, descubra que el mundo clásico fue de hecho algo muy alejado de su imagen canónica renacentista.
No podemos analizar suficientemente el influjo. inmediato del Renacimiento italiano sobre la cultura europea: dejaremos apenas indicado que, en Francia, además de la influencia poética a través de Ronsard, hay que tomar en cuenta el pensamiento neoepicúreo de Pierre Gassendi, y sobre todo, el fino pensamiento crítico de Montaigne; para no entrar en el dominio de las artes plásticas, también con evidente, aunque más retardado eco renacentista. En un sentido más científico y filosófico, señalaremos el ejemplo germánico de Paracelso. Y en el terreno religioso, en general, ya hemos aludido a la conexión entre Renacimiento y Reforma.
Pero sí nos extenderemos algo más en el problema del Renacimiento español, entre otras razones porque, en la suerte peculiar de su influjo en España, puede el Renacimiento dejar ver mucho de su esencia. Ha habido quien ha negado todo renacentismo en la cultura española (España, el país sin Renacimiento se tituló el libro de Wantoch), y ha habido, por el contrario, quien, como Aubrey F. G. Bell, ha extendido el renacentismo hasta abarcar todo el Siglo de Oro literario.
(En cualquier caso, no puede ser un azar que el Siglo de Oro empezara precisamente a raíz de la entrada del influjo renacentista.) Pero podría ocurrir que todo el Siglo de Oro fuera, de un modo u otro, renacentista, y, sin embargo, que el Renacimiento no se hubiera dado en forma dominante y pura en España. España fue el país europeo que recibió más de lleno el impacto del Renacimiento, por proximidad física y contacto político, pero su espíritu no se adecuaba al sentido esencial del Renacimiento: demasiado teocéntrica, demasiado poco interesada en la contemplación especulativa -científica o estética- de la naturaleza circundante, que no se refiera directamente a intereses éticos y religiosos, España, por otra parte preocupada con la colonización americana y -en seguida- por las guerras religiosas, no tenía el desasimiento teórico renacentista, ni su primacía del tema antropológico. Con todo ello, lo cierto es que se puede y se suele hablar del "Renacimiento español" para referirse, aproximadamente, al reinado del Emperador Carlos, o sea a la primera mitad del siglo XVI. En la prosa, el renacentismo domina a partir de su entrada, en lucha con el elemento medievalista siempre persistente, en la Celestina (V.), para dar su último fruto maduro en los diálogos y tratados de Fray Luis de León: en la poesía, el renacentismo propiamente dicho que introducen Boscán y Garcilaso dura como tal hasta Fernando de Herrera, para confluir gradualmente en un sentido más amplio de la lírica, donde el Renacimiento no es más que una de las fuerzas y elementos del conjunto.
Ahora bien, seguramente lo que más importaba en aquel período de la cultura española no eran las nuevas formas artísticas y poéticas, ni el nuevo sentido filosófico, filológico y científico -esta última dimensión fue prácticamente ignorada-, ni, mucho menos, como no fuera para un enérgico rechace, el nuevo sentido político, sino, por encima de todo, las inquietudes religiosas en esa nueva atmósfera que toma de Erasmo de Rotterdam su nombre antonomástico. Es decir, dominaba algo que, aunque talvez de remota raíz renacentista, venía de tierras nórdicas, con un "pathos" religioso poco armonizado con el Renacimiento propiamente dicho.
Fuera de la poesía, la mayor aportación española es la del Cardenal Cisneros, con la Biblia Políglota (y con la misma Universidad de Alcalá, que pudo ser la "Universidad renacentista" frente a Salamanca, Universidad más medieval). Pero nadie piensa nunca en Cisneros como lo que suele llamarse un cardenal del Renacimiento, y, por otra parte, una tan directa aplicación de la filología a una obra religiosa y eclesiástica, se sale probablemente un poco del marco de lo renacentista.
No debemos olvidar alguna manifestación periférica, como la religiosidad individualista, protestante "avant la lettre" de Juan de Valdés, cuyo Diálogo de la lengua (V.) tenía una intención práctica de ayuda para el proselitismo entre los italianos: o como la fina crítica humanista y un tanto erasmiana, de Luis Vives, que suele escribir en latín, y reside en Flandes. Un poco desplazado también, aunque dentro de la propia España, queda Francisco Sánchez, con su "filosofía escéptica", que no encuentra mayor eco por falta de una filosofía laica en el país.
Pero, literalmente hablando, la prosa renacentista no halla plena resolución en España: Fray Antonio de Guevara resulta casi "pre-barroco", y Fray Luis de León, como prosista, tiene un valor muy inferior al de su lírica.
En cambio, Garcilaso de la Vega ofrece, dentro de la poesía, casi un arquetipo de figura renacentista, por su lírica, por su personalidad caballeresca, y en cierto modo, también por la falta de conexión que hay entre sus versos y su catolicismo personal, junto con su sentir de caballero del Imperio, bien lejano a toda elegía en su acción personal. Podríamos presentar a Garcilaso como el punto más avanzado de la penetración del Renacimiento en la cultura española, tal vez en unión de Fernando de Herrera, éste doblado de filólogo, de teórico, y, significativamente, comentador de Garcilaso.
En las artes plásticas, el Renacimiento tiene un influjo que, aunque importante, siempre es parcial. El ejemplo de mayor aproximación al renacentisrno pictórico italiano lo tendríamos en el ambiente valenciano de los pintores "leonardescos", sobre todo la familia Masip, en la cual aparece el llamado "Juan de Juanes". Ya Morales el "Divino" habría de ser encuadrado en un "manierismo", más que en el Renacimiento propiamente dicho.
En la arquitectura el primer influjo renacentista no es tampoco muy puro en su origen ni en su aplicación: se trata del "plateresco", el estilo de ornamentación de edificios que, nacido en Urbino -la patria de Rafael- y difundido desde Venecia, se adapta en España a las últimas formas del gótico -en el reinado de los Reyes Católicos-; en todo caso, no llega nunca a implantarse sobre estructuras totales de edificio que respondan plenamente, a un sentido neoclásico (véase, por ejemplo, en el plateresco "civil", la Plaza Mayor de Salamanca).
Esta debilidad íntima del Renacimiento plástico en España se advierte mejor observando el arte hispanoamericano, donde parece darse como un salto desde lo medieval hasta lo barroco.
Resumiendo, pues, podríamos decir que España es la nación europea que más parte ha recibido del mensaje italiano del Renacimiento, pero también la que más profundamente lo ha modificado y cambiado de sentido, haciéndolo ingrediente de otro sentido general de la cultura y la vida.
Autor: José M.ª Valverde
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Fuente bibliográfica: Diccionario Literario
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Antecedentes y rasgos de la Ilustración

Denis Diderot afirmó que cada siglo tiene su rasgo fundamental. "El nuestro es el siglo del pensar, es decir, el siglo de la razón." En efecto, el s. XVIII ha pasado a la historia con el nombre de "Siglo de las Luces", significándose con ello su oposición a las "tinieblas" de la ignorancia, de la superstición y del oscurantismo a través del conocimiento y la ciencia. Tras los descubrimientos y avances científicos de los ss. XVI y XVII, el XVIII es sobre todo un siglo de aplicaciones prácticas.
La Ilustración en sentido propio tuvo sus raíces en Inglaterra, y su patria ideal en Francia, desde donde se difundió a Italia, Alemania y España. La expresión âge des lumières o âge de la raison es la forma usada por los propios ilustrados para referirse a su tiempo. Los ilustrados se caracterizaron por su esfuerzo por articular su labor intelectual, combinándola con una intención divulgadora. Combatieron contra la Iglesia por la posesión y el control monopolizador de la cultura. Concretamente en Francia, los philosophes guiaron las reivindicaciones espirituales y materiales del pueblo, de las clases explotadas, de la alta y de la pequeña burguesía en ascenso.
La batalla por la difusión de la cultura (de la cual es un modelo la labor de la Encyclopédie dirigida por Jean Le Rond d'Alembert y Denis Diderot) constituye el preámbulo conceptual de la gran revolución.
Los intelectuales del s. XVIII trataron ante todo de difundir los éxitos alcanzados por el pensamiento anterior, considerado una conquista, a fin de elevar la cultura popular a un nivel compatible con el caudal de conocimientos adquiridos en los últimos siglos.
Intentaron asimismo configurar las costumbres morales, jurídicas y políticas en torno a las nuevas ideas positivas y científicas. Todos estos afanes pueden resumirse en lo que cabría calificar como clarificación de las conciencias, "iluminar" o ilustrar.
Entre el legado que la filosofía precedente transmite al movimiento de las luces, cabe destacar:
Inducción
Los ilustrados adoptaron el método inductivo-experimental de Bacon, que postulaba la observación directa de los fenómenos naturales, y contribuía a eliminar el prestigio que había gozado durante siglos el método deductivo de Aristóteles.
Autonomía
Ampliaron la autonomía e independencia del pensamiento racional, que ya afirmara su capacidad para establecer sus propios postulados y extraer sus conclusiones, sin tener que supeditarse a los dictados de la autoridad providencial.
Cientifismo
Hicieron suyo el descubrimiento físico de la ley de la gravitación universal de Isaac Newton, que sirvió para afianzar la noción de un orden cósmico y para valorar más aún los datos observados directamente de la naturaleza.
Anticlericalismo
Asumieron la crítica realizada contra la religión cristiana por la filosofía de Spinoza, quien había sustituido al Dios personal del cristianismo por un Dios de carácter panteísta. Partiendo de esta crítica, un grupo de filósofos británicos elaboró la noción de deísmo, desarrollando la idea de una religión natural, de la que derivaban todas las religiones históricas.
Liberalismo
Desarrollaron la ciencia política anunciada por el liberalismo, separando el derecho natural de las concepciones políticas cristianas, de origen bíblico. En este punto fue fundamental la influencia de Locke, punto de referencia para quienes anhelaban una organización racional de la sociedad y el Estado.
Racionalismo-empirismo
Durante el s. XVIII el racionalismo, entendido como "metafísica de la razón", retrocedió en favor de una razón crítica, y de la idea universal de la exactitud del saber. El empirismo, en cambio, ganó terreno al racionalismo cartesiano, difundiéndose y constituyéndose en una suerte de positivismo científico-tecnológico. A finales de siglo la gran construcción sistemática y crítica de Kant concilió la oposición entre racionalismo y empirismo, conservando el rigor formal del primero, pero orientándolo hacia cauces prácticos.
Fuente bibliográfica: Gran Enciclopedia Interactiva
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La Revolución Francesa: de los Estados Generales a la reacción termidoriana

La convocatoria de los Estados Generales significó la culminación de la denominada "revuelta de los privilegiados" y el comienzo de una nueva etapa caracterizada por el protagonismo de la burguesía. Comenzaba la Edad Contemporánea. Las elecciones para diputados se efectuaron según los tres brazos tradicionales: la nobleza, el clero y el tercer estado, aunque este último, por decisión de Necker (nuevamente en el poder desde 1788), debía tener el mismo número de diputados que los otros dos Estados juntos, dado que representaba a la mayoría de la población francesa.
Los Estados Generales se inauguraron el 5 de mayo de 1789. El Tercer Estado exigió que las deliberaciones se hicieran en común y no por brazos, y que las votaciones fueran por cabezas y no por estamentos (brazos). Frente al desacuerdo de los privilegiados, el Tercer Estado se proclamó Asamblea Nacional (16 de junio), a la que se unieron algunos nobles (La Fayette, Mirabeau) y algunos clérigos, como Sieyès.
El 20 de mayo, reunidos en el salón del "Juego de Pelota", los miembros del Tercer Estado decidieron no disolver la Asamblea hasta que se dotara a Francia de una constitución. De esta forma afirmaban el principio de la soberanía nacional.
La movilización popular
Los nobles empujaron a Luis XVI a actuar contra la Asamblea y a destituir a Necker, verdadero ídolo de la burguesía e impulsor de las medidas para que la aristocracia participara en las cargas fiscales. Tales circunstancias, al coincidir con un malestar generalizado de las clases populares, fueron aprovechadas para movilizar a las masas parisienses, que asaltaron la Bastilla (14 de julio de 1789), prisión estatal y símbolo del absolutismo.
La rebelión se extendió por todo el país y la burguesía se adueñó del poder municipal y creó milicias cívicas. Pero, cuando la revuelta urbana empezaba a remitir, una oleada revolucionaria recorrió el campo, dando lugar al fenómeno conocido como el "Gran Miedo". La rebelión campesina obligó a los miembros de la Asamblea Constituyente a abolir el régimen feudal (privilegios fiscales y derechos señoriales).
La obra de la Asamblea Constituyente
El 26 de agosto, la Asamblea publicó la Declaración de los Derechos del Hombre, en la cual se reconocían el derecho a la propiedad, la igualdad jurídica y las libertades personales. El 12 de julio de 1790 se proclamaba la constitución civil del clero, cuyos miembros pasaban a ser funcionarios estatales a la par que se suprimían los conventos y las órdenes religiosas. Además, los bienes de la Iglesia fueron nacionalizados y vendidos para enjuagar el déficit público.
Ante el desarrollo de los acontecimientos, Luis XVI y su familia intentaron huir de Francia, siguiendo el camino que ya había tomado parte de la nobleza, pero su fuga fue descubierta en Varennes y la familia real fue conducida de vuelta a París.
La Constitución de 1791
La nueva constitución (14 de septiembre de 1791) establecía la monarquía parlamentaria como sistema político. El rey tenía derecho de veto sobre las leyes votadas por la Asamblea y ésta era elegida de forma censitaria (tenían derecho de voto los ciudadanos que pagasen una contribución igual a tres días de trabajo). En general, la Constitución de 1791 era, en su articulado, la expresión política de la burguesía moderada.
La Asamblea desplegó una ingente tarea legislativa: descentralización y racionalización administrativa con la creación de 83 departamentos; reordenación de la administración de justicia; abolición de las trabas que imposibilitaban el acceso de los ciudadanos a los cargos civiles y militares; supresión de aduanas y peajes interiores; abolición de los gremios; y regulación de la igualdad de todos los ciudadanos ante los impuestos.
La Constituyente, tras convocar elecciones legislativas, se disolvió el 30 de septiembre de 1791.
La Asamblea Legislativa
La cámara que resultó de las elecciones legislativas estaba integrada en su totalidad por miembros de los distintos sectores de la burguesía. Los 745 escaños se distribuían en tres grandes grupos ideológicos: la derecha, integrada por 260 diputados que defendían la monarquía constitucional; la izquierda, representada por 140 diputados claramente opuestos al régimen monárquico; y el centro, grupo mayoritario en el que se incluían patriotas identificados con la revolución pero que no se definían en cuanto a la forma de Estado.
La Asamblea Legislativa supuso un paso adelante en el proceso de radicalización revolucionaria que vivía Francia desde 1787. La grave conflictividad interna, provocada en parte por la crisis económica y por la presión de los más radicales que reclamaban la instauración de la República, y la actitud amenazante de las potencias extranjeras hicieron creer a las autoridades de la Asamblea que la Revolución sólo podía salvarse adelantándose a declarar la guerra a los enemigos exteriores.
La declaración de guerra a Austria, 20 de abril de 1792, fue recibida con gran euforia popular, aunque los reveses sufridos en la contienda por el ejército francés causaron un agravamiento de la crisis interna.
Mientras tanto, en París crecía el movimiento contra la monarquía. El 10 de agosto de 1792 se produjo el asalto al palacio de las Tullerías y se estableció la comuna popular de París. La Asamblea destituyó al rey y decretó la formación de una Convención nacional elegida por sufragio universal. La monarquía constitucional había sobrevivido menos de un año.
La Convención
El proceso revolucionario alcanzó con la Convención sus más elevadas cotas de radicalismo. Derrotados los monárquicos constitucionalistas en las elecciones, la nueva cámara estuvo formada por una derecha (160 diputados) de extracción altoburguesa y defensora de una república conservadora (girondinos); una izquierda y extrema izquierda (140 diputados) que agrupaba a la pequeña y mediana burguesía, defensora de una república democrática (la montaña); entre ambas tendencias, se ubicaba la llanura o el pantano, contingente de centro (350-400 escaños), que era el grupo más numeroso.
El 20 de septiembre, la Convención proclamó la República e inauguró un nuevo calendario el mes de septiembre de 1792, pasó a corresponder al año I de la República.
El proceso a Luis XVI, que sería condenado a muerte y guillotinado el 21 de enero de 1793, agudizó la crisis por la que atravesaba Francia. Las fuerzas realistas y el clero refractario provocaron revueltas antirrepublicanas, mientras que las potencias absolutistas europeas creaban la primera coalición para frenar el avance de las tropas de la Convención.
En el verano de 1973, los diputados montañeses expulsaron del poder a la derecha girondina. El nuevo poder, progresivamente encarnado en la dictadura de Robespierre, dictó una serie de medidas encaminadas a poner todos los recursos de la nación al servicio de la guerra para derrotar a los ejércitos de la primera coalición. Por otro lado, la puesta en marcha de tribunales revolucionarios logró aplastar la rebelión interior. Superada la crisis, el frente jacobino empezó a fraccionarse y cada vez era más fuerte la reacción moderada que reclamaba la normalización de la vida pública y la aplicación de la Constitución de junio de 1793.
Las medidas fueron cada vez más radicales, y el 10 de octubre de 1793 se suspendió la constitución proclamando el estado de excepción. Se iniciaba lo que se conoce como el Terror, o dictadura de Robespierre. Un tribunal revolucionario sumarísimo ejecutó en la guillotina a numerosas personas, entre ellas la reina María Antonieta (16 de octubre de 1793). La represión fue indiscriminada, llegando incluso a afectar a algunos jacobinos, como Danton.
La reacción termidoriana
El desprestigio de Robespierre impulsó a su propio partido a acabar con su vida. Arrestado junto con Saint-Just el 27 de julio de 1794 (9 de Termidor), ambos fueron ejecutados al día siguiente. El "golpe de Termidor" puso fin a la fase de radicalismo jacobino e inauguró un período de reacción conservadora en el que el terror sólo cambió de dirección.
La gran burguesía volvía a hacerse con el poder, formando un frente común con el ejército para impedir todo intento de subvertir el nuevo orden burgués que se presentaba como el gran logro de la Revolución.
¿Quién fue el inventor de la guillotina? El médico francés Joseph-Ignace Guillotin (1738-1821), miembro de la Asamblea Nacional en 1789. En realidad, Guillotin no hizo más que perfeccionar un artilugio similar que ya se usaba en Italia y Escocia desde el siglo XV, cosa que hizo como "acto de humanidad" para facilitar a los reos de pena capital una muerte rápida e indolora. El primer reo ajusticiado fue Nicolás Jacques Pelletier (abril de 1792).
Fuente bibliográfica: Gran Enciclopedia Interactiva
© 2006 EDITORIAL OCEANO

4 comentarios:

dayana 02 dijo...

buenas noche
La Edad Moderna

Historicamente se conoce como una de las etapas en la que se divide tradicionalmente la historia, extendiéndose desde la toma de Constantinopla por los turcos en el año 1453 hasta el inicio de la Revolución Francesa en el año 1789. Otros historiadores fijan como fecha de inicio el descubrimiento de América en1492, o el inicio de la Reforma Protestante en 1517
En este periodo destacan la invención de la imprenta, los grandes descubrimientos geográficos como el descubrimiento de América, el Renacimiento, la Reforma Protestante, la Contrareforma Politica etc.
Conforme transcurrian los años, las ciudades fueron creciendo, y es asi como durante el período medieval, ya en el siglo XV, Europa presentaba un gran desarrollo urbano.

Tambien con el crecimiento de las ciudades se produjo un cambio en el sistema económico: la economía feudal dio paso a los primeros indicios del sistema capitalista.

Obviamente el desarrollo comercial del Mediterráneo y el crecimiento de la actividad industrial fueron aprovechados por la burguesía, la clase social que estaba creciendo junto con las ciudades.

dayana zambrano CI:13162625
Sección 2 Nocturno

Albis R Perez dijo...

La Edad Moderna Siglo XV al XVlll se había constituido en Europa las naciones más poderosas: España, Inglaterra y Francia.
España con Reyes Católicos; Inglaterra, con la dinastía Tudor, y Francia, con la dinastía de los Valois a partir de Felipe Vl (1328), hasta la muerte de Enrique lll (1589).
Etapa de transición de la Edad Media a la Moderna, caracterizada por el Renacimiento. Espiritual (el hombre centro y metas) política (Condotiero y Absolutismo) la oposición a lo medieval y el amor e imitación de lo grecorromano. El hombre es centro del mundo renacentista y busca la gloria terrenal; en el aspecto político; en arte hay imitaciones Grecas y Roma, en arquitectura y estructura; la pintura es realista. En el aspecto filosófico-literario se desarrolla el humanismo: nuevo ideal cultura; Precursores; Erasmo de Rotterdam, figura principal del humanismo europeo De sus obras –Adagios, Coloquios, Enchiridión o Manual del Cristiano Militantes, el Elogio de la Locura- la mas leída es esta ultima por el sabor de relato y critica fácil que encierra. Representa a la Locura, , personaje creado por Erasmo, criticando a la humanidad viviente –edades, profesiones, religión, sexos- y demostrando que sólo hay felicidad donde está presente ella, la Locura. En Enchiridión se coloca Erasmo como propulsor de la Reforma (aunque tomó en una ocasión posición contra Lucero) al pedir la vuelta al Cristianismo primitivo, con fe, con caridad personal y sin ostentación. “¿Quieres ganarte a Pedro y a Pablo? –Dice- entonces copia la fe de uno y la caridad del otro y habrás hecho mas que si hubieras ido a Roma diez veces”. Se mostraba así en contra de las costumbres religiosas vigentes, que son causa del movimiento reformista.
La era de las luces así la llamaron gracias a todos los conocimientos adquiridos. Los descubrimientos geográficos, la Reforma, la Contrarreforma o Reforma Católica; el Capitalismo, el Mercantilismo, el Absolutismo, el desarrollo de las ciencias, las letras y la filosofía y la imposición de la burguesía como clase social importante. Causas: La caída del Imperio Bizantino, el ambiente de la historia clásica existente en Italia, la labor de burgueses y gobernantes como mecenas, el uso del papel y la invención de la imprenta y la crisis religiosa de fines de medioevo.
El Renacimiento como periodo de transición, abarca una nueva concepción de la vida y de la cultura del hombre. Nació en Italia Florencia, en el norte de la Península, fue un centro dispersión; de allí paso a Roma y las demás ciudades italianas, se extendió luego a Francia, Inglaterra y España. En el resto del continente europeo se puede hablar solo de representaciones individuales del Renacimiento, no de un espíritu renacentista propiamente dicho. La palabra “renacimiento” tiene su origen en el vocablo “renascita” usada por primera vez por el humanista Giorgio Vasari a mediados del siglo XVl marca el inicio de la Edad Moderna por el Historiador Francés Jules Michelet en el siglo XVlll.
Desde los años de la Guerra, y la caída de Constantinopla, muchos sabios y gente culta emigraron a Europa para evitar ser sometidos por el dictador de los trucos. Se fueron especialmente a Italia donde encontraron la liberta que necesitaban. Muchos de ellos llegaron a ser Maestros en las casas de los Burgueses italianos, pronto en la Península se sintió especial interés por conocer aquella cultura olvidada que traían los emigrantes bizantinos. En el norte de Italia ellos construyeron una verdadera colonia encabezada por Manuel Chrysoloras, eminente profesor de lengua y literatura griega en Florencia.
Renacimiento Científico: se aplican los métodos de la observación, el deductivo, el inductivo y el “libre examen” Hay notables aportes en la Geografía y la Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (se destacan Copérnico, Leonardo da Vinci, Server y Harvey, entre otros).
La Reforma (siglo XVl), revolución religiosa que tiene sus causas básicas en los años finales de la Edad Media y que representa una verdadera crisis en la “Iglesia Católica” europea como resultado de la cual se quebranta la unidad de creencias en el continente. Movimiento religioso que quebranto y dividió la unidad de la doctrina en la Iglesia Católica al desconocer la autoridad papal, se revelaron contra los abusos de los miembros del clero, se enriquecían arbitrariamente, sin ser dignos de ocupar cargos eclesiásticos, el desprestigio en que cayó el papado fue la división de la Iglesia. Martín Lucero, religioso agustino que protesto contra la Bula Pontifica y dio lugar el movimiento separatista. Consecuencias: -la división política entre los países cristianos. – El desarrollo del capitalismo que se amplio con el incremento del comercio. – Continúas Guerras civiles por cuestiones de índoles religiosas.
La Contrarreforma o Reforma Católica, reacción de la Iglesia Frente al problema reformista. De allí resulta la estructuración del Catolicismo con el ordenamiento vigente hoy dogma y disciplinas en el seno de la Iglesia, eminentes hijos buscaban cambios poderosos eclesiásticos con la finalidad de corregir abusos resaltotes que perjudicaban. Ignacio de Loyola (1536) fue el produjo notables cambios en el nuevo mundo católico, de esas consecuencias resaltan dos: La reactivación del Tribunal de la inquisición (Tribunales civiles ejecutaban las penas, torturas que aplicaban a personar que perjudicaban o iban en contra de lo que ellos decían) y el concilio de Trento. Fueron ventilados los delitos contra la fe y las buenas costumbres, surgió la Reforma cobro vigor y fuerzas, se atribuyen crímenes horrendos. La inquisición juzgo a numerosísimas personas a las que acusó de herejía, magia, brujería, etc. Juana de Arco. (Hoy Santa Juana de Arco) fue una de sus victimas a pesar de ser libertadora de Francia.
La Revolución Francesa: fue una época turbulenta en la participación los nobles y luego la burguesía y el pueblo. Se eliminó el Absolutismo y se establecieron principios de la libertad que permanecen hoy.
La Economía: Durante las guerras de Independencia, el cacao, tabaco, algodón, café, ganadería y sus derivados, fueron los motores que impulsaron el ritmo económico. Apareció una clase dominantes: los blancos criollos que adquirieron conciencia de su poder en la sociedad y se convirtieron en clase social más importante. La propiedad y la producción estaban en sus manos. Con la guerra de la Independencia, se interrumpe el proceso colonial. Disminuye el comercio regular, las propiedades (haciendas) son destruidas, el robo, el saqueo y los incendios a que son sometidos (recuérdense las acciones Bélicas del año 1814) las tropas española había destruido los frutos de todas clases y consumido el ganado, para el sustento de las tropas y la caballería como elemento de montar para el ejército, practica de republicanos y realista. Muchas propiedades son abandonadas como consecuencias de la emigración ante el temor y la incertidumbre; hay fuga de Capital y temor entre los agricultores para invertir, por la inseguridad y la escasa garantía de los beneficios y la vida administrativa. El capitalismo, que nació a raíz de las relaciones de Europa con Oriente después de las Cruzadas, alcanza su apogeo (se prolonga con todas sus fuerzas en la época Contemporánea). Junto con él es propio de la Edad Moderna el sistema proteccionista de la economía por parte del Estado llamado Mercantilismo (siglo XVlll). Mas tarde surgen nuevas escuelas contra este sistema: el Fisiocratismo y la Liberación Económica (siglo XVlll).
Descubrimientos Geográficos:
Antecedentes: Los fenicios habían dado la vuelta en la Antigüedad; los vikingos habían llegado a la zona noreste de Norteamérica y Marco Polo había hecho un viaje hasta la India, China y Japón sobre el cual escribió “El Libro de las Maravillas”.
Causas: La propagación del relato de Marco Polo, el monopolio del comercio en el Mediterráneo oriental ejercido por Venecia, la toma de Constantinopla por los turcos y el avance de la Geografía en el siglo XV.
Descubrimiento Portugués:
Los portugueses, gracias a la labor de la Escuela de Sangres creadas por Enrique El Navegantes, y las circunstancias geográficas, políticas y económicas que los favorecían, realizaron la obra exploradora de la costa oeste de África y llegaron hasta la china (sus principales navegantes fueron Bartolomé Díaz, Vasco de Gama y Alfonso de Alburquerque).
Descubrimiento o Encuentro de América:
Lo realizo colón después de firmar con los Reyes Católicos las Capitulaciones de Santa Fe. Hizo en total cuatro viajes entre 1492 y 1504, todos a la zona del Mar Caribe y costa de América Central.
Otros países realizaron exploraciones en América: Inglaterra, Portugal, Francia y Holanda.
Viajes de MAGALLANES (1519-1522):
Asamblea Constituyente: así se llama los Estados Generales, reunidos para hacer una constitución.
La asamblea Legislativa
Francia Declara la Guerra a Austria.
Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano.
Confiscación de los Bienes del Clero
Promulgación de la constitución de 91
Matanzas en las cárceles Organizadas por la comuna
Este es un breve resumen, de lo que recopilamos ya que mientras más la estudiamos mas entendemos y discutimos los diferentes puntos de vista, definitivamente de nuestro pasado aprendemos a discernir para comprender nuestro presente, de donde venimos y hacia donde queremos ir.
Participantes: C.l:
Albis Perez 8.677.626
Milarys Curvelos 6.870.257

María Alarcon dijo...

COMENTARIO DE LA EDAD MODERNA.

Desde el punto de vista histórico, la edad moderna no tiene una secuencia que la diferencie de la edad media, el proceso se da en transformaciones graduales, sobre todo en Europa, en donde se puede tomar como característica importante, la formación de estados o naciones unificadas e independientes, por otro lado, la explotación y maltrato del sistema feudal, el ascenso al poder de la nobleza y del clero, el estancamiento económico ligado a la crisis social y a la inestabilidad política se mantiene hasta que la crisis da inicio a la Revolución Francesa.
Los historiadores han dividido a la edad moderna en 3 etapas:
1ra.Etapa: se considera desde la caída de Constantinopla (1453) hasta la Reforma Protestante (1517).
2da.Etapa: desde la Reforma Protestante (1517) hasta la paz de Westfalia (1648)
3ra.Etapa: desde la paz de Westfalia (1648) hasta la Revolución Francesa (1789).
En el aspecto político, económico, social, cultural y religioso la transición de la edad media a la edad moderna la humanidad atravesó por un mar de crisis.
En el aspecto político, religioso y social se entrelazaba la perdida del poder real de las monarquías existentes poder que buscaban rescatar apoyados por la Iglesia, la que a su vez había logrado ascender en su estatus por medio de acuerdos y alianzas con los monarcas de turno.
En lo social, se encontraba la nobleza con cierta influencia en la toma de dediciones por otro lado estaba naciendo una nueva clase social que se fundamentaba por el mercantilismo y comercio, a esta clase social se le llamo burguesía, la cual llego a escalar posiciones por el desarrollo económico que consiguió generar, motivo por el cual los monarcas se vieron en la necesidad de tomarlos en cuenta a cambio de aportes económicos para sostener las administraciones monárquicas que carecían de recursos. Algunos burgueses aprovecharon para comprar títulos nobiliarios.
Surgen las primeras fábricas, con lo cual nacen los empleos y con ello una nueva clase social: El proletariado.
En medio de todas estas circunstancias el feudalismo va perdiendo influencia y por otro lado va surgiendo una nueva tendencia económica conocida como capitalismo. La Iglesia y el clero pierden poder ante el surgimiento de la Reforma con lo cual se estremece la Iglesia y por lo cual tiene que ceder y revisar las teorías dogmáticas que para aquella época eran cerradas. Este hecho permite una apertura para que se manifiesten todas aquellas personas que se desarrollaron como pensadores, estudiosos e investigadores que en su mayoría eran burgueses entre el S. XVII y el S. XVIII, florece una corriente Humanista, Renacentista, Ilustracionista, apoyadas por personas que desarrollaron la curiosidad por investigar, se lanzan hipótesis y teorías que cuestionan y derrumban los criterios y algunos conocimientos que se mantenían herrados. Uno de ellos fue la forma de la tierra, el movimiento de la tierra y otros más .Dentro de esta tendencia de evolución del pensamiento surge la contrarreforma apoyadas por monarcas católicos y por los representantes de la Iglesia para contener la expansión de la reforma y restituir la autoridad de la Iglesia y el papado.
La apertura de la edad moderna, permite que en lo social se plantee una nueva forma de trato, respeto, oportunidades y derechos para las clases sociales más desposeídas, que da origen para que se produzca la Revolución Francesa en la búsqueda de una sociedad que brindara libertad, igualdad y confraternidad.
En lo económico y social: La búsqueda de nuevas rutas comerciales hacen que se conozca y se descubran puntos geográficos por parte Portugal, España e Inglaterra.
El proceso del descubrimiento, la conquista y la colonización de estas nuevas tierras constituyen una expresión de los cambios que se estaban, dando en Europa en lo político, económico, social y científico


Elaborado por:
Alarcón María 11042131
Romero Bárbara 9027089

Laura dijo...

Se extiende desde la Toma de Constantinopla por los turcos en 1453 hasta la Revolución Francesa en 1789, es un período de casi 350 años. Los turcos en el 1300 conquistan Asia Menor bajo el mando del sultán, Osman (de ahí el nombre otomano).
En 1453 toman Constantinopla, dando lugar a la caída definitiva del Imperio Romano de Oriente, los historiadores dan con este acontecimiento como finalizada la Historia Antigua. El imperio otomano perdurará hasta el final de la Primera Guerra Mundial en 1918.
SigloXV:
Termina la peste y enfermedades, la sociedad feudal entra el la última etapa debido a una nueva crisis económica y comienza a consolidarse definitivamente la burguesía que inicia un movimiento socioeconómico denominado capitalismo. De esta manera esa triste etapa de luchas constantes entre la nobleza feudal se va apaciguando a medida que el rey va concentrando cada dia mas poder.
El siglo XV fue el siglo de los inventos, las exploraciones y los movimientos culturales, pero en lo referente al arte, se considera como el Siglo de Oro de Italia, a pesar que esta sigue fragmentada políticamente.
Se forman los países, se consigue la unidad política en torno a una figura principal que contiene todo el poder político-militar: el rey, constituyendo una monarquía. Estas monarquías aseguran su poder haciendo uso de las siguientes instituciones:
a) El derecho romano, que permite crear algunas leyes
b) Funcionarios de gobierno, como inspectores, embajadores, secretarios, conocidos como burócratas estatal.
c) Ejércitos armados permanentes
El poder del rey venía emanado por Dios y sólo Dios podía quitárselo, se va afirmando el principio del absolutismo.
Los movimientos culturales fueron dos:
a)El Humanismo: que afirma la dignidad y valor del individuo para el desarrollo y crecimiento de las sociedades y de los países. La razón en el único medio que tiene el ser humano para llegar a la verdad de la cosas. También se cuestionó todas las ideas medievales.
b) Renacimiento: fue una renovación del arte y la cultura en todos sus aspectos, haciendo una regresión hacia el arte clásico, para exaltarlo, copiarlo y mejorarlo. Fue como un redescubrimiento de todo el arte greco-latino. Naciò como un gran amor por todo lo griego, y se le agregó luz, color, vida logrando bellas obras de arte que hasta nuestros días siguen sorprendiendo. Durò unos 130 años y nació en Italia.
Este movimiento cultural nació en Italia porque aquí fue donde primeramente el sistema feudal dio paso al capitalismo de la burguesía. Las rutas comerciales pasaban por distintas ciudades italianas como Genova, Roma, Venecia, acumulando dia a dia màs capital.
La familia que posee el mayor poder económico en Florencia son los Médicis y se encargan de recibir, albergar y defender a gran parte de los mejores artistas del momento para hacer una nueva Atenas en occidente.
Grandes Exploraciones:
a) El descubrimiento de América por Cristóbal Colòn, en 1492. b)Se descubren nuevas rutas comerciales marítimas y terrestres. En 1498 Vasco de Gamma encuentra una ruta marítima para llegar a Asia, bordeando todo el continente africano. Tripular los barcos en la zona del cabo de Buena Esperanza era un poco traumático, por lo que fue ayudado por un avezado marinero árabe.
Nuevos Inventos:
a) Brújula y el astrolabio
b) Carabelas
c) Portulanos y mapas marítimos
d) Armas de fuego (arcabuces) y fortificaciones.
e) Imprenta y papel.
f) Eje delantero de los carros
g) Técnicas contables, cheques, pagaré, seguros comerciales.
Avances científicos:
a) Nueva visión del mundo y del Cosmos, con la Teoría Heliocéntrica de Copérnico, que coloca al hombre en otra posición cosmológica.
b) Nuevas técnicas para obtener metales preciosos a partir de los minerales naturales, extraídos de las canteras.
Aparecen los mecenas, que eran hombres poderosos que patrocinaron a los artistas, que eran muy respetados. Algunos fueron los Médicis y Sforza, en Florencia. A su vez ellos podían hacer ostentación de su riqueza, sobretodo en momentos en donde cada familia luchaba por consolidarse políticamente y ganar posiciones económicas y de poder.
Algunos artistas de esa época fueron: Giotto, Duccio, Boticelli, Durero, Donatello, Miguel Angel, Da Vinci, Rafael Sanzio, Bramante, Jan Van Eryck.
Socialmente existían desde la edad media, tres órdenes: los que oraban, los que guerreaban y los que trabajaban.
Los primeros dos pertenecían a la nobleza y el tercero eran los campesinos.
Ahora aparece el tercer estado, formado por la burguesía, que había crecido gracias a su ingenio para el trabajo y su habilidad para el comercio.
Los niños estudiaban en dos etapas:
Trivium: gramática, retórica y dialéctica.
Quadrum: aritmética, geometría, música, astronomía.
Finaliza la Guerra de los Cien Años (1337-1453) entre Francia e Inglaterra. Aparece la figura mística de Juana de Arco, como la santa que luchará valientemente a favor de Francia para levantar el sitio de Orleans, y dar inicio a una serie de continua victorias francesas. Finalmente fue capturada, abandonada por Francia, juzgada y sentenciada a muerte en la hoguera por herejía. En 1920 la Iglesia la santificó. Francia derrota definitivamente a Inglaterra en 1453 en la batalla de Castillon.
Carlos I tuvo que enfrentar:
a)Protestantismo
b)A Francia, contra Francisco I, que lo venció definitivamente en la batalla de Pavia.
c) En el Mediterráneo a los turcos, que habían copado todas las rutas comerciales. Felipe II los terminó de vencer.
Su hermano fue: Felipe II, también gozó de todo el poder de España, gracias a las riquezas traídas de América.
Reforma Religiosa:
Martín Lutero crea esta reforma a partir de un enfrentamiento con la iglesia católica debido a:
• Vida fastuosa
• Ostentación de la riqueza
• Dueña de grandes extensiones de territorios en donde explotaba a a los campesinos
• Sacerdotes sin vocación
• Compraban sus cargos eclesiásticos
• Vendían perdones a los fieles para construir la basílica de San Pedro
• Vivian alejada de los principios o votos originales de caridad y humildad.
En 1517 Lutero presenta sus 95 tesis
• Libre interpretación de la Biblia
• Niega al Papa, la Virgen y Los Santos
• Los únicos sacramentos: Bautismo y Eucaristía
• La Fe salva al hombre, no el perdón del Papa
Contrarreforma: la iglesia católica a los fines de devolver la fe a los fieles católicos, que Lutero había puesto en duda, se reúnen en 1545 en un Concilio (de Trento) para discutir estos temas que ponían en peligro la estabilidad de la iglesia católica. Fundó la Companía de Jesús, cuyo líder fue: Ignacio de Loyola, y sus seguidores fueron los jesuitas. Ellos estaban a una ajustada vida casi militar, de estricta disciplina. Eran llamados soldados de Dios, y hacían votos de obediencia absoluta. Su misión era la de:
• Frenar el avance de los movimientos reformadores
• Evangelizar a los indios y paganos
• Devolver la fe a los que dudaban en Cristo.

JESSICA LAURA JIMENEZ CARTALLA. C.I 18233154.
ZAIDUBY CAROLINA PACHECO.
Educ. Integral, sección 2 nocturno